Pasamos tantas horas al día haciendo lo que debemos, como trabajar, estudiar, limpiar( agregue usted acá otra tarea tediosa), que no nos damos cuenta cuántas horas desperdiciamos al día para hacer aquello que nos gusta, que nos hace bien, que nos hace feliz y que muchas veces da la verdadera razón a nuestras vidas...
Siempre aplazamos cosas que queremos hacer, porque nos falta tiempo para hacer aquellas en las que debemos cumplir, porque son compromisos asumidos...
¿Cuál es la correcta manera de distribuir el tiempo para que todo funcione bien?
Si la mayoría del tiempo del que dispongo hago lo que quiero, es claro que las cosas no funcionarán bien... No siempre podemos hacer lo que queremos. Por distintas razones, no sólo porque nos lo impidan las responsabilidades...
Si la mayoría del tiempo del que dispongo hago sólo lo que debo, las cosas tampoco funcionarían bien... No sería feliz...
Para llegar a una armonía entre las cosas que debemos y las que queremos hacer, creo que es necesario hacer concesiones...
Hacer concesiones y respetar los tiempos que quiero darle a mis actividades...
La falta de tiempo, a veces nos hace perder cosas importantes en la vida... Cosas importantes en momentos determinados, y que ya no van a volver. Quizá un ejemplo, un mal y burdo ejemplo de esto, pueda ser cuando queremos ir a la playa un día X porque está soleado, pero renunciamos a ir porque tenemos que ir a hacer una tarea y lo dejamos para mañana y al otro día está nublado, y cuando tenemos suficiente tiempo para hacer lo que queríamos, en este caso ir a la playa, ya no podemos por distintas razones: sigue nublado, no tenemos con quien ir y no se me ocurren más (disculpe el lector por la poca creatividad de hoy). Y ahí ya no tiene sentido continuar con las cosas que debemos, porque las que queremos y que nos hacen feliz, ya no podemos tenerlas... Sólo por falta de ese preciado tiempo...
Lo peor es que a medida que nos falta tiempo, o que más bien, no nos hacemos el tiempo para disfrutar de las cosas que nos gustan, esas muchas cosas se van perdiendo...
A veces, creo, ni siquiera es falta de tiempo...
A veces culpamos al escaso tiempo y lo hacemos responsable de nuestro poco descanso, de nuestra falta de ganas por hacer las cosas bien, de nuestra inmensa carga de responsabilidades y olvidamos las cosas que son importantes y que al comienzo nos hacían tan bien y las vamos relegando poco a poco, hasta que ya no le encontramos el sentido a mantenerlas y, finalmente, las perdemos... todas esas cosas buenas de la vida que en un principio sentíamos que nos hacían tan feliz.